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Algunas notas sobre apropiacionismo

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Durante los dos últimos martes de enero y los tres primeros de febrero, el Museo Carmen Thyssen Málaga organiza Arte LOVE Cartel, curso monográfico en el contexto de la exposición Carteles de artista. De Toulouse-Lautrec a Jeff Koons

 

El martes, 19 de enero, comenzaba el ciclo de conferencias que conforman el curso con Apropiacionismo sin fin: arte, publicidad y activismo contrapublicitario a través de sus imágenes, de Raúl Rodríguez Ferrándiz, profesor de Semiótica de la Comunicación de Masas en la Universidad de Alicante.

 

El texto que sigue es un pálido intento de agarrar en el aire, como quien caza mariposas, las ideas, a nuestro juicio, más importantes que el profesor Rodríguez Ferrándiz fue desgranando durante su charla. 

 

APROPIACIONISMO

 

Publicidad y propaganda nunca fueron sinónimos estrictos, basta realizar las pertinentes consultas al Diccionario de la Lengua Española para constatarlo, sin embargo, no están exentas de confusión, más o menos intencionadamente provocada en ocasiones. La propaganda, en tanto que medio de difusión ideológica, posee connotaciones, digamos, difíciles de manejar. Ahora, aunque tal vez por otros motivos distintos, el termino publicidad sufre de cierto «desprestigio» y está siendo sustituido por comunicación, mucho más impreciso por el número de acepciones diferentes que contiene. 

 

La publicidad es absorbente y no tiene pudor alguno a la hora de apropiarse de cualquier elemento, artístico o no, que sirva a sus fines. Se puede recorrer la historia del arte, desde las pinturas rupestres hasta la actualidad, a través de la publicidad. La finalidad de la publicidad es meramente comercial, pero no cabe duda de que en ocasiones ha conseguido suscitar un alto grado de placer estético, incluso intelectual, en el espectador.

 

Apropiacionismo, intertextualidad y plagio

 

El apropiacionismo es un movimiento artístico que reutiliza parte o la totalidad de una obra de arte ajena para generar, más que una nueva obra, un nuevo concepto (hoy en día, diferenciar obra de arte y concepto puede ser un vano ejercicio). Las piezas «apropiadas» suelen ser, por regla general, obras icónicas, pues mientras más popular sea la cosa fagocitada, mayor será el efecto de la obra consecuente. Este es uno de los motivos por los que el apropiacionismo nada tiene que ver con el plagio.

 

En 1981, la artista estadounidense Sherrie Levine fotografió las fotografías que Walker Evans tomó durante los años de la Gran Depresión y las exhibió sin manipulación posterior. Con su acción, Levine organizó un considerable revuelo, pero puso sobre la mesa las ideas que quería transmitir. Se puede afirmar que el apropiacionismo ha existido siempre, solo que no ha sido hasta mediados del siglo XX cuando se ha codificado y estudiado con seriedad.

 

El apropiacionismo se diferencia del plagio en que no existe uso doloso de la obra ajena, nadie en su sano juicio intentaría hacer pasar como propia la Gioconda o el Quijote —Pierre Menard sabía muy lo que hacía—, sino que mediante la ironía, el sarcasmo y esa urdimbre de interpretaciones y reinterpretaciones que se ha ido tejiendo a lo largo de los siglos alrededor del Arte, busca provocar reacciones, generar polémicas, insuflar aire nuevo, contradecir y poner en evidencia conceptos como la originalidad, la autoría y la sacralización de la obra de arte.

 

Apropiacionismo e intertextualidad son escenas de un diálogo infinito que se inició con el primer artista, un personaje mítico, adánico, quizás el único ser que ha estado en posición de experimentar en carne propia y con absoluta plenitud la idea de crear algo nuevo sin incurrir en el pecado de la soberbia.

 

La intertextualidad estudia de qué modo un texto se apropia, recrea, subsume, otros textos de una manera más o menos subrepticia o claramente abierta.

 

Desde que existe la publicidad de masas, esta ha sido tan voraz y despiadada a la hora apropiarse de cualquier obra de arte que sirviese a sus propósitos, que desde hace años existe un movimiento contrapublicitario que, sin piedad alguna, resemantiza la publicidad usando sus propios códigos. Este activismo contrapublicitario también se vale de la historia del arte que previamente sirvió a la publicidad para vender sus productos, pero en esta ocasión el fin es una crítica feroz y sin tapujos contra el consumismo y sus consecuencias. [PSJM, equipo artístico que «se comporta como una marca comercial de arte último que plantea cuestiones acerca de la obra de arte ante el mercado, la comunicación con el consumidor o la función como cualidad artística, haciendo uso de los recursos comunicativos del capitalismo espectacular para poner de relevancia las paradojas que producen su caótico desarrollo» son un claro exponente de la reacción de los artistas ante el poder absorbente e hipnótico que la publicidad ejerce sobre la sociedad.]

 

Sin embargo, como otra imposible vuelta de tuerca más, la publicidad se apropia también del lenguaje desprejuiciado y directo de la contrapublicidad para continuar alimentando sus insaciables calderas.

 

Sin duda, apropiacionismo, intertextualidad y plagio son territorios fronterizos e inestables, a pesar de que, como antes dijimos, la nula intención de engaño de los dos primeros los diferencia claramente del otro.

 

Quizá, como apuntaba el profesor Rodríguez Ferrándiz, el apropiacionismo es una forma de reciclaje icónico, una suerte de ecología de las imágenes. Estamos tan saturados de imágenes que si a alguien se le ocurriese la idea de imprimir todas las que se han generado desde los inicios internet probablemente nos tendríamos que mudar de planeta.

 

AUTHOR - Brigada Estudio

Brigada Estudio es un estudio de diseño editorial, gráfico y web, redacción y creación de textos y gestión de contenidos.

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