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La ingenuidad

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Estar de vuelta de todo es una desgracia: nada nuevo queda ya por ver. Estar de vuelta te puede mantener a salvo, sí, pero a costa de perder la naturalidad, esa cierta ingenuidad infantil con la que nos acercamos a las cosas por primera vez. Quizás la ingenuidad sea el camino más corto para alcanzar la esencia de las cosas, algo que no se puede simular. Nuestra mirada se va modulando/maleando con las veladuras de los hábitos y prejuicios cotidianos. La monotonía del trabajo diario procura soltura, pericia, profesionalidad, solvencia, cualidades positivas todas ellas y no siempre suficientes por sí solas para mantenerse a flote en la jungla del siglo XXI.

 

ANA GEOMETRICA INGENUA

 

La palabra «ingenuo» deriva de la voz latina «ingenûus», que significa nacido libre y no esclavo. En un primer momento de su evolución semántica equivalió a «sincero», «digno», «veraz», una persona sin malicia ni interés por la mentira y las dobleces, pero, en la actualidad, puede ser tomada como sinónimo de «tonto» o «crédulo».

 

Tomadas en su justa medida, esas connotaciones positivas, tristemente pasadas de moda, pueden resultar útiles para desenmascarar el exceso de enredos, adornos y farfolla teórica que envuelve la comunicación verbal y visual en la actualidad.

 

La ingenuidad nada tiene que ver con la ignorancia, al contrario, es la virtud de no complicarse la vida con artificiosidades vacuas, y procura, sin aspavientos, la sabiduría de interrogarse sobre todo, absolutamente sobre todo. Las reglas, códigos y normas tienen la finalidad de hacernos la vida más fácil, sin embargo, seguirlas de manera acrítica es igual que saltárselas porque sí, porque mola.

 

LA INGENUIDAD

 

Naturalidad, verdad, seguridad: las armas de un experto actor ante su público, pero que siempre necesitará de un buen texto que llevarse a la boca; el día es propicio para la navegación, el horizonte se muestra limpio, la brisa es generosa y la mar permanece en calma, sin embargo, la nave se va a pique. El barco y el texto son, por supuesto, el diseño, el buen diseño: lo podemos tener todo a favor, cosas interesantes que decir, buenos productos que sacar al mercado, pero si no nos ponemos en manos de diseñadores profesionales es muy posible que nuestra historia se pierda para siempre entre el eco incesante de la Red.

 

Nadie más ingenuo que un diseñador, cuyo trabajo es poner orden y belleza donde antes solo había caos y fealdad.

AUTHOR - Vicente Ortiz

Redactor creativo, nombrador, poeta y, casi con total seguridad, uno de los dos o tres peores bailarines del mundo. Lee y escribe con cierta desenvoltura desde que era chico, por eso no puede evitar jugar con las palabras. Ha sido colaborador de prensa, ha participado en innumerables recitales poéticos, ha ejercido de gestor cultural y organizador de eventos, y es miembro de Sueltos, agrupación de experimentación escénica, con quienes ha escrito y estrenado cuatro espectáculos.

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