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La perfecta máquina de relativizar

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Mantener un ritmo frecuente de actualizaciones es una de las reglas básicas para la buena salud de cualquier blog. No publicar durante periodos largos de tiempo es como dejar de regar las plantas. Nosotros, que creemos que mantener una línea de comunicación clara, coherente y constante es clave para la prosperidad de cualquier proyecto, sin embargo, hemos sucumbido y llevábamos sin alimentar este blog desde hace demasiado. Y no precisamente por ausencia de asuntos sobre los que escribir, al contrario, los cuardenos de notas están repletos. Se trata, más bien, de un mal cada día más extendido que consiste en una grave escasez de la sustancia más volátil y cara que existe, aunque por suerte en nuestro caso, ha sido un episodio momentáneo. No quiere decir esto que ahora andemos sobrados, pero nos apañamos. 

 

No nos gustan las excusas. Aunque no todas son iguales y algunas —pocas, muy pocas— incluso merecen la pena, tanto que no nos hemos resistido a contar la nuestra.

 

Otra regla de la comunicación que creemos básica es que, tratándose de marcas, hay que dejar claro siempre que detrás de ellas hay personas; personas a las que les pasan cosas. Una marca no es un ente frío e impersonal, al contrario, las que realmente funcionan se comportan de manera cercana y comprensible porque no evitan que se transparente que tras ellas hay esfuerzo, sudor, aciertos y errores. Todas esas cosas que le pueden suceder a cualquiera.

 

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Brigada Estudio es una empresa pequeña que tiene vocación de seguir siéndolo. Porque ser pequeño, en nuestra humilde opinión, significa ser ágil, dinámico, rápido y audaz. Afortunadamente, estamos rodeados de profesionales de muy distintas disciplinas, complementarias con Brigada Estudio, con los que nos encanta colaborar y abordar los más diversos proyectos. Además, somos una empresa familiar. Y, a veces, las familias crecen. Literalmente. De repente aparece un ser diminuto, regordete y sonrosado que te mira, y aunque sepas que aún no te ve, en ese momento el tiempo (sí, la sustancia más volátil y cara) se detiene por unos instantes para luego continuar desordenado y a empellones. Todo se pone patas arriba y todo cambia, para siempre. ¿Y quién se acuerda de actualizar el blog? El pobre blog de Brigada ha sido el efecto colateral del impacto. 

 

Una vez atenuado el terremoto inicial —porque de algo así uno no se recupera jamás, ni falta que hace—, las cosas poco a poco se van reordenando. La criatura va cogiendo peso, personalidad, requiere espacio, atención, mucha atención, casi toda la atención… Los horarios mutan. Ahora manda él (sí, ha sido niño), y tú obedeces sin rechistar. Él depende de ti, pero desde que está en tu vida eres tú el que realmente depende de él; imaginar tu vida sin su presencia es algo intolerable. No hay nada más adorable sobre la faz de la tierra ni más perfecta máquina de relativizar; lo miras y no importa nada más. Eres tú quien necesita babero…

 

Y tras unos agotadores meses de volcán en erupción, de nuevo estoy aquí, pero a las dos de la madrugada, trabajando, escribiendo otra vez en el blog, el post más especial de todos. Hecho polvo, con los ojos como puñaladas en un tomate, pero indescriptiblemente feliz. Esto no es una excusa, camarada: esto es la vida.

 

Gracias a los compañeros de Brigada Estudio, María, Michele y Alicia, que han tirado de la nave hacia delante durante todo este tiempo de adaptación a bodys y pañales, y han mantenido, incluso aumentado, los ya de por sí altos niveles de exigencia y calidad del estudio. 

 

Pero quien se lleva el premio especial, y hasta el Nobel de Literatura si hace falta, es la supermamá de la criatura, la poderosa e incansable Ana Moliz: ella y su bebé son el centro de todo, así debe ser. Porque de la conciliación de la vida familiar y laboral en España tal vez hablemos otro día.

AUTHOR - Vicente Ortiz

Redactor creativo, nombrador, poeta y, casi con total seguridad, uno de los dos o tres peores bailarines del mundo. Lee y escribe con cierta desenvoltura desde que era chico, por eso no puede evitar jugar con las palabras. Ha sido colaborador de prensa, ha participado en innumerables recitales poéticos, ha ejercido de gestor cultural y organizador de eventos, y es miembro de Sueltos, agrupación de experimentación escénica, con quienes ha escrito y estrenado cuatro espectáculos.

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