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Mark Rothko, la mirada en libertad

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Mark Rothko pintó emociones. La Historia del Arte lo reconoce como uno de los maestros de la escuela americana del Expresionismo Abstracto. Sin embargo, él acabó pintando sentimientos, atrapando en sus amplias superficies de colores planos que flotan suspendidas sobre campos monocromáticos la expresión de lo trascendente, lo humanamente sublime.

 

Quien ha estado ante alguno de los cuadros de sus últimas etapas creativas habrá sentido como su percepción es interrogada y tal vez se haya visto capaz de atravesar con su cuerpo la superficie carnosa que se despliega apenas limitada o contenida por la materialidad del soporte. Los cuadros de Rothko son puertas que se abren hacia nuestro propio interior: no hay que ser creyente, por supuesto que no, sencillamente hay que mirar con libertad. Eso es el arte: la mirada libre.

 

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Mark Rothko se suicidó en 1970 como consecuencia de un prolongado estado depresivo, fruto del cual surgieron una serie de pinturas negras como reflejo de su oscuro ánimo.

 

Destilar la propia creatividad hasta llegar a conformar un estilo personal, único y por lo tanto reconocible es la meta de la creación artística: tener estilo, es decir, tener personalidad. Liberarse de las inútiles fronteras que pensamos que nos impone el entorno, la crítica de los demás, nuestro juicio sobre nosotros mismos, a veces tan desenfocado y cruel, es una pelea a brazo partido, y casi nadie sale indemne; tal vez extraterrestres como Michelangelo Buonarroti o Pablo Picasso, pero estos no cuentan en estas lides, iban muy sobrados y cincuenta vidas les serían escasas para sacar toda su potencia creadora.

 

A pesar del tamaño de sus pinturas y murales, Rothko es pintor de lo pequeño, pues pequeños, extraños y volátiles son los sentimientos humanos. Pintar sentimientos puede parecer una empresa quijotesca, pero la pintura a mediados del siglo XX estaba aparentemente terminada por mano del malagueño de la plaza de la Merced, aunque en alguna parte debía de haber un hueco, algún resquicio por el que tirar. Entonces aparecieron tipos como Jackson Pollock (fuck Picasso!) y el propio Rotkho, que buscaron y encontraron la salida en la parte más oscura y tal vez ficticia: el interior del alma humana. Cuando miras un rothko ten cuidado con lo que piensas, porque te estás viendo a ti mismo.

 

mark rothko

AUTHOR - Vicente Ortiz

Redactor creativo, nombrador, poeta y, casi con total seguridad, uno de los dos o tres peores bailarines del mundo. Lee y escribe con cierta desenvoltura desde que era chico, por eso no puede evitar jugar con las palabras. Ha sido colaborador de prensa, ha participado en innumerables recitales poéticos, ha ejercido de gestor cultural y organizador de eventos, y es miembro de Sueltos, agrupación de experimentación escénica, con quienes ha escrito y estrenado cuatro espectáculos.

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