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Mujeres

  |   Diseño Editorial, Diseño Gráfico, Inspiración   |   2 Comentarios

 

Están siendo días de claroscuros en lo referente a la consideración de la mujer como creadora, aunque, por fortuna, con más claridad que sombras. La cerrilidad de algunas anquilosadas mentes ha protagonizado episodios de vergüenza ajena al persistir de manera infructuosa en la divagación sobre asuntos como la creación poética masculina en relación —de superioridad, por supuesto— a la femenina, como si tales distinciones tuviesen algún sentido; como si una novela o una película o un poema o un cuadro o un edificio tuviesen mayor o menor «calidad» por el simple hecho de haber sido creados por mujeres en lugar de hombres. Es tremendo que aún sigamos dando vueltas a esto. Nunca está de más recordar el lamentable asunto de la genial escultora Camille Claudel

 

Camille-Claudel

 

Tres hechos han motivado este artículo; tres episodios relevantes, aunque dos de ellos no por el género de sus protagonistas, sino por puro e indiscutible talento justamente recompensado; el otro, por ambas cosas: importa que sean mujeres e importa que sean de tanto talento.

 

Vamos con éste último. Esta semana la poeta y editora Elena Medel ha comenzado un ambicioso trabajo de exploración con la puesta en marcha de «100 de 100 poetas españolas del siglo XX», un proyecto de envergadura que pretende dar luz necesaria a la obra de —al menos— cien poetas españolas «que escribieron o escriben de cien años para acá.» La intención es diáfana, necesaria, un acto de justicia que, tal vez, desemboque, algún día no muy lejano, en las estanterías de las librerías, no obstante, Medel es editora de La Bella Varsovia. Para dejar las cosas más claras aún, esta semana ha escrito en su perfil personal de Facebook: «Otra cuestión, claro, es que las mujeres hayan escrito o publicado en las mismas circunstancias que los hombres; que hayan accedido en igualdad de condiciones a los catálogos de las editoriales, y a los premios, y a las antologías, y a la atención de la crítica —al canon, en resumen—; o que —en el caso de las autoras más veteranas— el tiempo haya ocultado muchas voces, en lugar de permitir su recuperación.»

 

Una profesora singular

 

Todos necesitamos profesores. Incluso a no obedecer te enseñó un maestro. Somos animales educacionales, necesitamos, de uno u otro modo, que alguien nos desbroce el camino. «Yo me considero, fundamentalmente, historiadora del Diseño y profesora», dice Raquel Pelta en el inicio del vídeo que conmemora su reconocimiento por parte de Asociación de Diseñadores Gráficos y Directores de Arte del FAD (ADG-FAD) con la concesión del Laus de Honor en la 45ª edición de los Premios Laus, galardones cuyo objetivo es «promover el Diseño Gráfico y la comunicación visual en la vida cultural y económica del país». El Laus de Honor se entrega a profesionales que han desarrollado o desarrollan una sobresaliente trayectoria profesional, y la de Raquel Pelta es impresionante. Cuando nos enteramos del premio, le dedicamos una entrada en nuestra página de Facebook y, rápidamente, uno de sus antiguos alumnos hizo un comentario alabando sus clases en la universidad. Además de su actividad docente, el Congreso de Tipografía de Valencia, del que es fundadora, o la dirección y edición de la revista especializada Monográfica.org, son algunas muestras de la incansable labor de divulgación del Diseño que lleva realizando desde que se despertó en ella la inquietud por conocer y estudiar el Diseño Gráfico en profundidad, más que diseñar, no obstante, se licenció en Geografía e Historia antes de emprender los estudios de Diseño Gráfico. A veces son los premios los que ganan en prestigio y credibilidad al ser otorgados a ciertos artistas o profesionales.

 

raquel pelta

 

Los paisajes del sueño

 

¿Es verdad que una considerable porción de los libros —presuntamente— para niños que se editan los compran adultos para sí mismos? Ciertamente, algunos de ellos son joyas bibliográficas irresistibles. Es estupendo que el cuento ilustrado esté viviendo una época de esplendor, sin duda resulta un gustazo detenerse ante ciertas librerías en cuyos escaparates se exhiben las últimas novedades. Recuerdo quedarme unos minutos con la frente rozando el cristal imaginando cómo sería por dentro la edición ilustrada por Elena Odriozola de ¿Cuánta tierra necesita un hombre?, de León Tolstoi, «el mejor relato del mundo» según Vladimir Navokov. Odriozola crea sueños a través de sus acuarelas, paisajes delicados que da la impresión de que se van a desvanecer en la punta de los dedos, justo en el instante en que parece que los vamos a alcanzar. ¿Cómo se desenvolverá —pensaba yo desde el otro lado del cristal— el viejo oso ruso en estos oníricos no paisajes?
Hoy, en este recién estrenado mes de julio, Elena Odriozola ha sido galardonada con el Premio Nacional de Ilustración concedido a toda una carrera desarrollada a lo largo de un centenar de libros ilustrados con sencillez, una paleta cromática bien definida y un estilo que hace saltar por los aires la frontera entre la ilustración infantil y la adulta.

 

 

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AUTHOR - Vicente Ortiz

Redactor creativo, nombrador, poeta y, casi con total seguridad, uno de los dos o tres peores bailarines del mundo. Lee y escribe con cierta desenvoltura desde que era chico, por eso no puede evitar jugar con las palabras. Ha sido colaborador de prensa, ha participado en innumerables recitales poéticos, ha ejercido de gestor cultural y organizador de eventos, y es miembro de Sueltos, agrupación de experimentación escénica, con quienes ha escrito y estrenado cuatro espectáculos.

2 Comentarios
  • JUAN MANUEL MORALES | Jul 2, 2015 at 6:35 am

    Me maravillas… “Cuánta tierra necesita un hombre” junto con “El hombre que plantaba árboles” de Gean Giono, son dos de mis faros guía. Y Elena Odriozola ya hace que reafirmó mi yo ilustrador y sencillamente me hizo el mundo habitable…su sirenita desplomada para una edicion de Andersen de Anaya es poesía rotunda. Gracias Vicente por traértelos este amanecer…

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