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A poc a poc

  |   Tipografía   |   1 Comentario

 

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Los tres días que he pasado entre letras, en «Tipofan», el taller de tipografía que Santa Rita han organizado en su estudio de la calle Malpica, impartido en esta primera cita por Pedro Arilla y Damiá Rotger, dos jóvenes diseñadores de tipos, no ha hecho sino confirmar mis ideas esenciales sobre el tema: uno, amo la tipografía; dos, diseñar una familia tipográfica completa, de arriba abajo, es de la cosas más difíciles del mundo.

 

 

No es el primer taller de tipografía al que asisto, pero sí el que me ha resultado más clarificador. No basta con diseñar letras bonitas, se trata exactamente de lo que una vez dijo el gran tipógrafo inglés Matthew Carter: «Tipografía es un bonito conjunto de letras, no un conjunto de letras bonitas». Todas las letras, números y signos que componen una misma familia tipográfica son hermanas entre sí, sin perder nunca de vista que debe haber una correcta alternancia entre los blancos con los negros; todo «un conjunto de sutilezas», como en alguna ocasión durante el taller dijo Damiá Rotger. Porque hay que ser sutiles y muy, muy precisos: un milímetro mal puesto un nodo y todo el conjunto se desmorona.

 

No hay que olvidar que el diseño de tipografías es una disciplina que requiere de mucha dedicación, paciencia y amplios y variados conocimientos. Hay que saber de geometría y de óptica, por supuesto, de arte y diseño, también de historia, sociología e, incluso, psicología. Un ejemplo de esto que digo es la maravillosa reinterpretación que hace Íñigo Jerez con su tipografía «Quixote» del estilo tipográfico barroco tomando como punto de partida la primera edición de El Quijote, impresa en 1605. Precisamente, Jerez, que se define a sí mismo como diseñador gráfico que dibuja letras, suele decir que para entender el diseño gráfico hay que conocer la tipografía desde dentro.

 

Y en ello estamos. A veces me preguntan de dónde sale mi pasión por las letras y sus formas y pienso que es algo que viene de muy atrás. Recuerdo, cuando era chica, sentarme junto a mi abuelo, que era boticario, y quedarme embobada al verle escribir despacio en sus enormes libros de registros de medicamentos. No tenía una idea clara de qué iba todo aquello, lógicamente, pero me encantaba la caligrafía y le daba la tabarra a mis abuelos para me escribieran cosas y después me dedicada a comparar sus diferentes maneras de escribir. Más adelante, cuando llegó el primer ordenador a casa, descubrir que podía cambiar el tipo de letra a mi antojo fue un tremendo impacto. Posteriormente, supe que esas letras de la pantalla eran las que Matthew Carter había diseñado especialmente para Microsoft: la Verdana y la Georgia.

 

Cada día crecen mi pasión y mi ilusión por aprender y por crear, algún día, mis propias tipografías, pero como dice Damiá Rotger, a poc a poc.

 

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AUTHOR - Ana Moliz

Diseñadora gráfica especializada en diseño editorial y tipografía, también ha realizado estudios de Historia, Diseño de Interiores, Infoarquitectura, 3D y Producción audiovisual. Está en permanente búsqueda del equilibrio, la armonía y la belleza de lo que está en su exacto lugar. Amante de las letras, la imprenta tradicional, las novelas de Sherlock Holmes, el cine de terror y el country & folk americano. Es una de las personas a la que mejor le sientan los sombreros.

1Comentario
  • Carolina Lobo | Dic 3, 2014 at 6:41 pm

    Oh Ana!!! me ha encantado la entrada, te imagino disfrutando de lo lindo!!! conseguirás lo que te propongas, poco a poco, pero no me cabe duda que algún día podremos disfrutar de tus propias tipografías, “Moliz style”!!!

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